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¿Qué hay de malo en estar perdido?

¿En no llevar un lineamiento para tus acciones, y que desemboquen en experiencias dolorosas para otros?

¿En retroceder sin temor al miedo de perder la fe, la esperanza?

¿En tener pensamientos oscuros sobre la vida y la muerte, mientras se disipa la mente?

¿En no comprender cuál es el camino a seguir y lentamente dar vueltas en el mismo lugar?

¿En preguntarte cada día, cuál es el paso a seguir sin obtener una clara respuesta?

¿En dudar de tus decisiones cuando ya todo ha culminado en tristezas ajenas?

¿En pensar en la felicidad o sufrimiento de los demás, mientras tu interior se fractura?

¿En quedar paralizado ante la presencia de tus inseguridades y temores más constantes?

¿En perder la paciencia, esa misma que sería la expresión de tu divinidad?

¿En no lograr sostener las bases del equilibrio de tu vida, eso que llaman paz?

¿En no saber qué hacer en absoluto mientras el tiempo te observa fijamente y se desliza ante tu incrédula mirada?

¿En tener tus ojos inclinados directamente en la profundidad de tu conciencia mientras la noche se transforma en día?

En simplemente preguntarte. ¿Qué sigue ahora?

Quizá no saber qué pase sea el regalo del cual Dios nos habla en su tierra prometida.

Estar perdidos es necesario para hallar el elixir de nuestra búsqueda.

Descubrir que no hay nada que encontrar será nuestra máxima recompensa, nuestra libertad.

Si pierdes la fe, te entregas a la vida en plenitud del instante presente, porque sabes que no se pierde cuando ya se está perdido.

Así como se requiere oscuridad para amar la luz, caos para obtener calma, violencia y dolor para observar un nacimiento; se necesita estar perdido para encontrarse.

Recuerda que nunca hubo vida sin que algo antes haya muerto.

Amador

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Búscame

Búscame a través de la niebla que baña mi sombra cuando escapo en mis adentros en busca de soledad.

Búscame cerca, muy cerca de las llamas que sofocan mi cabeza.

Búscame al lado de la nada, el infinito camino que busco desde que me perdí dentro de mi mente, al intentar encontrarme. Sigue leyendo

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