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¿Qué tal el viaje?

Diez años ya viejo amigo

Todo se nubla cuando te sueño, una hermosa pesadilla.

Abrir los ojoso y no verte, terror, ira, miedo.

¿Miedo de qué?

De nada, eso me aterra, la nada me aterroriza.

Sería un paisaje ideal para sentir paz, yo siento temor.

Un temor inquebrantable, como un niño que nunca crece y permanece en oscuridad.

En la nada nos encontramos; en el todo nos separamos.

Sigues tu camino feliz, sigo mi camino con dudas infinitas, pero sonriente.

¿Sentirás felicidad?

Supongo que sí, sería ilógico que la muerte no llevara felicidad consigo a la nada.

La felicidad sólo abandona a los vivos cuando la muerte parte de la mano con sus seres amados.

Es incontrolable, los corazones de acero también lo sienten.

Ya son diez años de preguntas.

Ya son diez años de dudas.

Ya son diez años de tempestades.

Ya son diez años de huracanes.

Pero nada llega sólo, también han llegado ruidos, amores y dolores, ideas escritos y decepciones.

Partidas y llegadas, cambios voluntarios e involuntarios.

¿De qué se trata la vida si no es de eso?

Después de la muerte sólo queda la vida.

La vida que me diste y amo vivir desde el momento en que me ofreciste. Hermoso día que contrasta en número con tu huida de lo real.

Sin quererlo somos vida y muerte; una pareja de seres que se aman sin conocerse, sin hablarse y sin escucharse.

Nos une la gravedad del destino, la genética y la metafísica si existe. Quizá no, sólo nos une la magia de lo irreal, el amor que nos damos desde ambos polos, ambos universos.

Tu allá, yo acá; separados en años luz en carne, pero milimétricamente unidos en pensamiento.

Te he odiado desde aquel día, pero inevitablemente también te he amado.

La imposibilidad de seguir tu rumbo fue una decisión ética, moral y de amor de mi vida.

Cómo desobediencia divina que no me enseñaste.

Me haces demasiada falta, no lo comprenderías en vida, por eso lo manifiesto así y ahora.

Han sido ya diez años sin tu presencia y aún conservo la esperanza de una última conversación, un último beso y abrazo cómo de grandes enemigos que se reconcilian.

Hablar con nadie es más complejo y perfecto que estar atado a una voz sin sentido. Por eso se facilita nuestra charla. El silencio significa más que una conversación vana, falsa con una persona quizá real.

Por eso hoy pido en silencio, minucioso y osado, mientras cierro mis ojos implorarte que te quedes, en mis dulces sueños y mis terribles pesadillas, en mis victorias y pérdidas, en mis amores y engaños, en mis pasos y caídas, en mis éxitos y fracasos; no te pido más nada.

Sé que estás feliz en este momento, pero necesito tener la certeza que vas a dedicar unos minutos para susurrarme cómo te sientes, para acompañarme, para sentirte cerca.

Ya son diez años separados; valga la vida, valga el tiempo, tan relativo, tan perfecto, tan maldito, tan honesto.

Somos una dualidad imperfectamente perfecta, una ira disfrazada de abrazos fuertes, un insulto expresado en un te extraño, una conversación infinita entre la vida y la muerte.

Representamos el amor sin que existan partes, sin que exista vida, sin que exista muerte. Una relación cómo de padre a hijo y de hijo a padre.

Sigue tu viaje, te deseo con amor felicidad infinita cómo la que me regalaste, nos veremos pronto.

 

Amador

@AndresAmador2

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