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Degradación vestida de palabras

Una mañana de diciembre, mientras departía con un amigo de infancia en una cancha del barrio, dispuestos a hacer algo de las llamadas barras nos encontramos de pronto a una de esas personas que al verlas de lejos o en la oscuridad de la noche inspiraría salir corriendo o algo de susto para los más valientes.

Un hombre alto, de contextura física pronunciada y aspecto algo demacrado a causa de los narcóticos que consume y se reflejan perfectamente en su rostro; conocido en el mundo de las drogas de ésta comunidad. Se acerca y de inmediato empezamos a compartir un rato de charla que desde mi punto de vista, se hacía cada vez más interesante.

Llegó justo al lugar donde estábamos nosotros, igualmente preparado para hacer algo de ejercicio y a darnos algunos consejos para aumentar la masa muscular que a nosotros nos falta. De pronto empezamos a observar como llegaban algunos visitantes, con rostros parecidos al suyo y con necesidad de algo para la “mente” a esas horas de la mañana, algo de fumar, marihuana, cannabis o como quieran llamarla, sin saberlo departíamos, charlábamos y nos reíamos con un viejo conocido que mientras hacía “barras” esperaba a los próximos clientes de la famosa yerba. Si, estábamos en un lugar público, a la vista de todos con un distribuidor o minorista del producto tabú de nuestra comunidad.

En fin… Al darme cuenta de esa situación empezaron a surgir mis dudas y di inicio a una serie de preguntas algo disimuladas pero con toda la intención de informarme.

¿Cómo se vende? – ¿Qué precio tiene? – ¿Cuánto se gana al día? – ¿Dónde la vende? – ¿Cuánto es lo que más se ha ganado al día? Y algunas otras que no recuerdo… pero voy a compartir varias de sus respuestas.

–      Se vende por menudiada (por unidades) o se vende la “bomba” (paquete de tres unidades) pero me gusta más vender cada una porque se gana más (risas).

–      “Vale una luquita” (mil pesos colombianos) la “bareta” (cigarrillo de marihuana) La bomba te vale cinco luquitas y trae siete unidades.

–      Me he hecho quince mil, doce mil y hasta veinticuatro mil pesos en el día, pero relajadito, haciendo deporte, matando el tiempo y acá todos llegan.

–      Uno se viene para la cancha a hacer “barritas” a veces a trotar, relajado y la gente se acerca y me busca.

–      En el día volteando bastante me hago hasta veinticinco mil pesos, vamos a ver si hoy me los hago (risas).

Conociendo sus respuestas, me llamó mucho la atención la naturalidad de sus comentarios, mientras cambiábamos un poco de tema y hablaba acerca de la casi nula atención que la administración municipal de Zarzal, Valle del Cauca prestaba a los lugares de esparcimiento y recreación de las personas, por ejemplo un espacio abierto con elementos para hacer ejercicio al aire libre, como en Cali lo tienen muchos barrios, comentábamos.

También nos explicaba como sembrar caña, uno de sus fuertes para ganar dinero; un trabajo no apto para cualquiera, pero que con ayuda de la “bareta, el vigo o el moño” se suaviza, y el dolor se controla con el efecto para lograr terminar el jornal.

Aproximadamente una hora en compañía de los compañeros de “barras” y al escuchar algunos de sus pensamientos e ideas me resulta increíble comprender que un tipo al que todos suelen señalar, hacer a un lado o perseguir en el caso de las autoridades, me pudiese haber enseñado tanto en tan poco tiempo al haber mencionado aspectos tan aterrizados y a la vez tan simples que aportarían a resolver hasta su mismo problema con los narcóticos y algunos de la sociedad misma. Trabajador, con capacidad de escuchar y ser escuchado, deportista a su manera, respetuoso y con una gran sonrisa en su rostro.

Concluyo que existiendo este tipo de personas y siendo señaladas como prototipos poco convencionales, destructivos, y parásitos de la sociedad, sin ser conocidos aún; la gente pueda confiar plenamente y entregar la administración del lugar donde viven, a aquellos que por sus forma de vestir, sus habilidades de relacionarse con otros de su calaña, y su nivel de elocuencia ante un público, así la base de sus discursos se trate de mentiras, pueda hacer el mismo o un daño peor a la comunidad, y de igual manera no saber nada de ellos.

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